La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) anunció el pasado 17 de julio que Boeing podrá volver a emitir los certificados de aeronavegabilidad de todos sus aviones 737 MAX y 787 Dreamliner recién fabricados. La medida, que entra en vigor el lunes 20 de julio de 2026, pone fin a casi siete años de supervisión reforzada sobre el fabricante estadounidense y marca uno de los hitos más importantes en su recuperación tras la crisis del MAX.
¿Qué es un certificado de aeronavegabilidad?
Un certificado de aeronavegabilidad es el documento que confirma que un avión concreto, recién salido de la fábrica, es seguro para volar y cumple con el diseño aprobado. Sin este papel, ninguna aeronave puede entregarse a una aerolínea ni entrar en servicio comercial. Históricamente, la FAA delegaba esta firma en los propios empleados de Boeing a través de un programa de designación conocido como ODA, algo habitual en la industria aeronáutica por el enorme volumen de entregas.
Por qué Boeing perdió esta potestad
El regulador retiró a Boeing la autoridad sobre el 737 MAX en 2019, durante el proceso de retorno al servicio del modelo tras los accidentes de Lion Air y Ethiopian Airlines, que costaron 346 vidas y provocaron la inmovilización mundial de la flota. En 2022, la FAA extendió la restricción al 787 Dreamliner debido a problemas de calidad detectados en su producción. Desde entonces, eran inspectores federales quienes revisaban y firmaban personalmente cada avión antes de su entrega, un proceso más lento que ralentizó las entregas del fabricante durante años.
Un retorno gradual y vigilado
La restauración no ha sido repentina. Desde septiembre de 2025, la FAA y Boeing se alternaban por semanas en la emisión de los certificados, un sistema de prueba que permitió al regulador comparar directamente el trabajo de ambos. Tras ocho meses de evaluación, la agencia concluyó que los resultados de calidad eran equivalentes cuando firmaba Boeing y cuando firmaba la propia FAA, lo que justificó devolver la responsabilidad completa al fabricante.
El administrador de la FAA, Bryan Bedford, subrayó que la decisión solo fue posible porque la agencia tiene confianza en que el proceso puede realizarse de forma segura, y que la seguridad guía todas sus actuaciones.
Lo que no cambia
La decisión no supone el fin de la vigilancia. La FAA mantendrá sus inspecciones, auditorías y el monitoreo continuo del sistema de producción de Boeing, incluyendo las actividades críticas de ensamblaje y las tendencias de calidad. Además, siguen vigentes dos límites importantes: el tope de producción de 47 aviones MAX al mes impuesto por el gobierno, y la exclusión de los modelos MAX 7 y MAX 10, que todavía no han recibido su certificación de tipo y que el fabricante espera lograr el próximo año.
Qué significa para la industria
Para Boeing, la medida agiliza la última etapa del proceso de entrega justo cuando intenta aumentar la producción y ha abierto una nueva línea de ensamblaje del 737 MAX. Para las aerolíneas, puede traducirse en entregas más rápidas y previsibles en un momento de fuerte demanda de aviones nuevos. Y para el sector en general, es una señal de que el capítulo más oscuro de la historia reciente de Boeing se acerca a su cierre, aunque la verdadera prueba será mantener la calidad de producción sin el árbitro federal firmando cada avión.
Fuentes: FAA, Reuters, FlightGlobal, CNBC y Leeham News (17-18 de julio de 2026).



