Washington quiere más competencia bajo el capó de sus cazas. El Departamento de Guerra de Estados Unidos —la cartera antes conocida como Departamento de Defensa— ha lanzado una petición de información (RFI) a la industria para evaluar soluciones de propulsión alternativas destinadas al Boeing F-15EX Eagle II y al Lockheed Martin F-16 Fighting Falcon, dos de los cazas más numerosos y longevos de sus fuerzas aéreas. El movimiento, adelantado por FlightGlobal, es de momento solo una toma de contacto con los fabricantes, pero podría desembocar en una sacudida de un duopolio de motores que se mantiene prácticamente inalterado desde hace décadas.
El duopolio que se quiere agitar
Para entender la magnitud del gesto conviene mirar quién manda hoy. Los cazas tácticos estadounidenses de esta generación se mueven, casi en exclusiva, con dos familias de motores: el F110 de GE Aerospace y el F100 de Pratt & Whitney. El F-15EX vuela actualmente con el F110 de GE; el F-16, según la versión y el cliente, monta uno u otro. Es un reparto histórico que se remonta a las llamadas «Great Engine Wars» de los años ochenta, cuando la Fuerza Aérea introdujo deliberadamente el F110 de GE para competir con el F100 de Pratt & Whitney, forzar mejoras y bajar precios. Desde entonces, ambos han dominado el segmento sin apenas rivales.
El propio F-15EX ilustra lo enquistado del asunto: la Fuerza Aérea llegó a plantear en su día una adjudicación directa a GE, recibió la presión de Pratt & Whitney, y el reparto entre ambos ha sido motivo recurrente de disputa. Ahora, la petición de información abre la puerta —al menos teóricamente— a que otros actores propongan soluciones.
Por qué ahora
La lógica detrás del movimiento es triple. Primero, precio: introducir competencia es la palanca clásica para abaratar una flota que se cuenta por miles de unidades entre Estados Unidos y sus aliados, y cuyos motores se fabrican bajo licencia en Japón, Turquía y Corea del Sur. Segundo, seguridad de suministro: depender de una única línea de producción es un riesgo estratégico en un contexto de tensiones geopolíticas y cadenas industriales bajo presión. Y tercero, el Departamento de Guerra enmarca la petición dentro de su propio giro estratégico hacia nuevas prioridades de capacidad, buscando ideas de la industria alineadas con esa transformación.
Es, en el fondo, la misma tensión que definió el salón de Farnborough hace apenas dos semanas —donde la propulsión, del motor de fan abierto de CFM a los nuevos programas, se reveló como el verdadero campo de batalla industrial de la década—, ahora trasladada del ámbito comercial al músculo militar.
Un historial de intentos fallidos
Conviene, eso sí, moderar las expectativas. La historia de los «motores alternativos» en el Pentágono está sembrada de programas que arrancaron con ambición y acabaron cancelados por motivos presupuestarios. El caso más recordado es el del motor alternativo para el F-35 —el F136 que desarrollaban GE y Rolls-Royce frente al F135 de Pratt & Whitney—, cancelado en su día tras concluir el Departamento de Defensa que mantener dos proveedores no era el uso más eficiente de sus recursos. Que una RFI se convierta en un programa real, financiado y sostenido en el tiempo es, por tanto, un salto que muchas veces no se ha llegado a dar.
La lectura de fondo
La petición del Departamento de Guerra es, por ahora, una pregunta abierta a la industria más que una decisión. Pero el simple hecho de formularla envía un mensaje: tras años de duopolio cómodo, Washington quiere recordar a GE y a Pratt & Whitney que la competencia sigue siendo una herramienta sobre la mesa. Para los fabricantes de motores que llevan décadas fuera del negocio de estos dos cazas, es una rendija de oportunidad; para los dos titulares, un aviso. Y para el observador, una confirmación más de que en la aviación de 2026 —militar o civil— la batalla que de verdad importa se libra cada vez más en la propulsión.
Fuentes: FlightGlobal, Defense News, y archivos históricos de GAO y Wikipedia sobre los programas F110, F100 y F136 (3-4 de agosto de 2026).



